Sunday, November 29, 2009

Waxing time

Me resisto a la prestobarba. Nada que hacer. Muy polite, amorosas, suavecitas serán las mujeres británicas, pero hay algo a lo que no me puedo acostumbrar: las que no son peludas, se pasan su buena Gillette.


Y uno que viene de todo lo que es la cultura de la cera depilatoria, no puede terminar de acostumbrarse a tener que, literalmente, afeitarse las piernas.


En esas meditaciones profundas andaba yo cuando me topé con “The London Estethique Student Salon”. En pleno barrio de Oxford Circus, en la cuna de la moda inglesa, ahí mismito estaba. “Un centro de estética”, pensé para mis adentros, “bueno, veamos cuánto cuesta la gracia”. Cuál no sería mi sorpresa cuando me di cuenta que depilarse sí, era caro, pero tampoco era una cosa inalcanzable, claro, por eso el nombre: eran precios rebajados, para estudiantes. Y, tomando en cuenta que estamos en invierno, o sea, temporada baja de la actividad, la podemos hacer durar un mes y así descartamos la opción prestobarba… ¡Fantástico!...


- May I help you?

- Lles, plis, ai guantu buk an apoinment for guaxing. (Quiero pedir hora para depilarme, para los más huasitos)

- Ok… what do you want to wax?


“Myself”, pensé yo. Y ahí partieron las dificultades, porque en dos meses estudiando teatro aquí, sabré ya mucho Shakespeare, mucho inglés antiguo, mucho Tube, mucho Loo, pero ni cristiana idea de cómo decir “media pierna”, “rebaje” o “axila”.


- Mmmmmm… half leg? (le achunté!!!!!!). For tudei plis (para hoy)

- No, we don’t have appointments for today, maybe for next Monday.

La señorita no tenía ninguna intención de ser empática ni mucho menos iba a entender que una semana más a este nivel implicaría que ya podía comenzar a colgarme de la columna de Nelson en Trafalgar Square, cual mono que parecía. Bueno, pero como aquí la ley es la ley –incluso para un centro de estética- y no tengo físicamente pololo aquí que me alegue por ser su, literalmente, pierna peluda, tuve que saber tomar la hora para una semana más no más y aprender que hasta para depilarse hay que hacer fila acá.


Y llegó el lunes. Llegúe casi puntual (como siempre) y estaban todas las niñas esperando ansiosas el arribo de las clientas. “Qué buen customer service”, pensé yo. Y entré.


Lejos del sucucho blanco, impregnado de olor a cera, con cuanta foto y dibujo de cabro chico pegado en la pared que a cualquier mujer chilena se le viene a la mente al decir la palabra “depilación”, el British Waxing Box es un lujo. ¡Así da gusto pagar 20 lucas pa que te depilen la mitad de la pierna! Primero, te instalas en una camilla a la cual no se le sale la espuma por algún hoyo, sino que parece cama colonial. De fondo, música clásica y encima, una toalla, para que cuando te des vuelta la niña que te depila no vea tu ropa interior. Un poquito musho, encuentro yo, porque una que es latinoamericana, está acostumbrada a perder cualquier dignidad al enfrentar el ritual depilatorio con la very typical chilean “tía”.

Tampoco están esas máquinas antiguas, con cera pegada desde los ‘80, sino que acá se usa full el roll on. O sea, te ponen un papelito con cera, cual scotch gigante y después lo tiran. Todo con la siempre inigualable British delicadeza.


Tanta maravilla hizo que me convencieran de hacerme las manos por 9 pounds… y ahí empezó mi desgracia.


Ahora fue el turno de Sarah, cuyo primer approach a su clienta (léase, yo) fue. “Estoy tan nerviosa… eres mi primera clienta”. Pausa.


“De hoy o en la vida?” pregunto yo, rezando para que sea la opción número uno, respuesta definitiva.


“De la vida, acabo de terminar la escuela de estética, ésta es mi práctica y hoy es mi primer día”. Plop.


Resultó que la lolita estaba tan nerviosa que tiritaba. Y eso no tiene nada de malo, a no ser que estés intentando hacer una MANICURE. Cuatro veces tuvo que hacerme cada dedo la pobre. Y las casi cinco capas de pintura que le puso a cada uña que no le resultaba se veían de lo más chic.


Ahí entendí que student” no se refería al precio, sino a la calidad del capital humano. No era tan difícil, más bien era literal. Las lolitas, que podrían ser mis sobrinas, no sólo estaban aprendiendo, sino que era su PRIMER DÍA de práctica. ¿Resultado? La manicure me duró menos que un candy, en buen chileno.


Por lo menos la depilación valió la pena, pensé. Bueno, hasta por ahí no más, porque tan entregada estaba a los placeres del box depilatorio que no me di cuenta que de mono pasé a cebra, porque la lolita así como prolija para el arte, no era.


Moraleja: lo barato sale caro, incluso en los parámetros primermundistas londinenses donde ya lo barato es caro per sé.

3 Comments:

Blogger Gustavo said...

Oiga, que bueno que regresó su blog!! era tan obvio que tenía que regresar para leer sus peripecias londinenses, tiene mucho que escribir así que no claudique. Un abrazo

November 30, 2009 8:24 AM  
Blogger Lorena said...

buenisimia historia, pero te aconsejo comprar "Calor" te sirve para toda la vida! y tiene hasta aire para q no te duela mientras te depilas.... para partes delicadas, las ceras veet... jeje

December 02, 2009 4:19 AM  
Blogger María Francisca said...

Querida Cony!
Como acá en Alemania es la misma cosa, te aconsejo lo siguiente: Silk Epil. Yo también me he resistido exitosamente a la prestobarba.
Si no te trajiste una, gástate los 20 pounds en eso y cómprate una por Amazon.co.uk!
A mí al menos me ha permitido andar decentita y suave (por más de un día, digamos, cosa que no hace la amiga gilette).
Éxito en London!

December 02, 2009 9:14 AM  

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